Diego González: el mejor sommelier de España y su wine room solo de vino

Diego González es el mejor sommelier de España 2025. Pero antes de ese título, abrió en Burgos un proyecto que resume su filosofía mejor que cualquier competición: Tiempos Líquidos, un wine room donde no hay refrescos, café, té ni destilados. Solo vino, agua, mosto y una cerveza de apoyo. Un sitio construido sobre una idea radical: que el vino puede ser el único protagonista.

En este episodio de Descorchados hablamos con él sobre la gestión de un pequeño local especializado, las contradicciones del mercado actual y lo que implica prepararse para competir al más alto nivel.

Diego González y la filosofía de Tiempos Líquidos

El concepto nació de una convicción clara: si quieres hacer algo bien, hay que enfocarse. Tiempos Líquidos no intenta ser un bar de copas ni una vinoteca convencional. Ofrece menús de cuatro o seis vinos por copas maridados con raciones, con una norma que dice mucho de su criterio: siempre dan a probar antes de confirmar, porque si el vino no gusta al cliente, no se sirve.

Las referencias rotan casi a diario. Aunque el local es un espacio para aficionados exigentes, la carta va desde Moscatos italianos hasta Barolos, porque la honestidad con el cliente no significa imponerle un estilo.

Formación: de Empresariales a tres estrellas Michelin

Diego llegó al vino tarde, tras estudiar Empresariales. Fue en la Escuela de Hostelería de Leioa donde un profesor, Bitor San Miguel, cambió el rumbo. Después vino Londres: The Vineyard Hotel, con 3.000 referencias en carta, y Core by Clare Smyth, tres estrellas Michelin. Una etapa dura, dice, pero que recomienda sin dudarlo.

Hoy compagina la gestión de Tiempos Líquidos con una agenda de formación exigente: se prepara para el Mundial de Sumilleres de octubre de 2026, está cursando el diploma WSET y está en lista de espera para el examen de Master Sommelier.

La contradicción del mercado del vino

Uno de los momentos más interesantes del episodio. Diego observa una brecha clara entre lo que dicta la tendencia —vinos ligeros, frescos, con menos alcohol— y lo que pide el 90% del público general: estructura, madera, madurez, potencia. Ribera, Toro, Priorat.

Su postura no es ideológica sino práctica: lo importante no es el grado alcohólico sino que el vino sea honesto y representativo de su clima. Critica la obsesión por el bajo alcohol cuando eso significa desvirtuar la identidad de una zona. Y sobre los vinos sin alcohol, es directo: prefiere servir un mosto de calidad antes que un desalcoholizado que no cumpla sus estándares.

Vinos que le han emocionado

Entre las botellas recientes que más le han marcado menciona un Cariovaga 2011 de Filipa Pato y un Pairal Xarel·lo 2012 de Can Ràfols dels Caus. Dos vinos con años encima que demuestran, una vez más, que la paciencia en el vino tiene recompensa.

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